LA LEY Y LA GRACIA

En la biblia encontramos el pacto de la ley
y el pacto de la Gracia.

El pacto de la ley fue entre Dios
y un solo pueblo, Israel.

Dios se la dio al pueblo por medio de Moisés en el monte Sinaí y este pacto finalizó cuando Jesús
murió y resucitó. El Pacto de la ley era por obras.

Jesús resucita e inicia el pacto de Gracia, el cual es entre Dios y los espíritus escogidos desde
antes de la fundación del mundo, sin importar
su nacionalidad o raza. 

El pacto de Gracia es por fe.

Es decir, que el pacto de la Ley es diferente
al pacto de la Gracia como lo dice en Romanos 11:5-6
Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. 
Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.

No se puede mezclar las doctrinas de la ley
y la gracia pero ambas están en la Biblia.

Un ejemplo natural es el agua y el aceite.

Estos dos no se mezclan
al estar en el mismo recipiente.

Las moléculas del agua están fuertemente atraídas
unas con otras,  es lo mismo que pasa con las moléculas del aceite, por estar tan  atraídas unas con otras, no se juntan. 

El agua y el aceite se separan.

El aceite flota arriba del agua porque tiene una densidad más baja.

Una de las diferencias la encontramos en el siguiente versículo Hebreos 8:7
Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera
procurado lugar para el segundo.

El versículo dice “si aquel primero”, esto se refiere al pacto de la ley dada a Moisés para el pueblo de Israel,
este pacto no era perfecto. 

Por ejemplo en este pacto de la ley
“Era necesario cada año que el sumo sacerdote se presentará con  sangre ajena ,de un cordero para el sacrificio por los pecados del pueblo” .

Pero este sacrificio no quitaba
el pecado y repetía cada año.

Por esta razón era necesario el nuevo pacto de Gracia.

Cristo vino y tomó cuerpo.

La palabra dice que en un solo sacrificio quitó de en medio el pecado ,vamos a Hebreos 9:24-26
Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo
mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo
para quitar de en medio el pecado. 

Dios nos llamó para vivir bajo la Gracia.

En el pacto de Gracia no es necesario ningún rito, penitencia, sacrificio, es por fe.

La Gracia transforma nuestra manera de pensar,
para que nuestra manera de actuar sea
acorde a la palabra de Dios.

Oramos para que cada día nuestro comportamiento sea acorde a la palabra de Dios,
perseverar en ella y obedecerla.

Porque si solo oímos, nos aprendemos los versículos e historias pero al “hacer“, nuestras acciones son opuestas a la palabra, ya que “nos
engañaremos a nosotros mismos”.

Al vivir y obedecer la palabra de Dios el resultado es ser bienaventurado en lo que hace. Dios nos llamó para vivir bajo la Gracia.

Para finalizar vamos a 1 Juan 5:14-15
Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

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